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Pasajero a Ítaca
by Eduardo Fernández-Fournier, Madrid, Spain
III. Circe y Calipso
Mentiras, como Ulises prisionero
¡Diez años! en la isla de Calipso.
Os pregunto, a los hombres ilustrados,
que sabeis que ni Zeus, ni las diosas
ni Hermes, ni las ninfas son reales:
¿Pudo ZEUS hacer que HERMES fuera
a la isla de Calipso NINFA y DIOSA
para dar libertad al triste Ulises?
¿Qué hechos lamentables hay ocultos
bajo espesa hojarasca de palabras?
¿Qué verdad intentó ocultar, Ulises?
Que se quedó diez años con Calipso,
¡Diez años!, muy contento y por su gusto,
sin importarle un bledo el desgobierno
que su ausencia produciría en Itaca,
mientras su esposa e hijo le esperaban.
¿Cuándo quiso partir? Sólo, al final,
cuando se hubo cansado de Calipso.
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E, igual, antes, con Circe. ¿Cuánto tiempo
hubiera continuado entre sus brazos,
si no hubieran, sus hombres, porfiado
en marchar, transcurrido más de un año?
¿Alguien duda que en esa larga ausencia
enraizaron la espina y la cizaña
que cubrieron de llanto y luto a Ítaca?
Según LA ODISEA, las tormentas que encontraba, Ulises, le llevaban de un lado para otro. Y Nada tenía que ver esto con su competencia como marino, sino era culpa de los dioses, de sus hombres o de los propios elementos.
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Zeus, que amontona las nubes, suscitó contra los barcos el viento Bóreas, y una tempestad deshecha cubrió de nubes la tierra y el ponto, y la noche cayó del cielo. Las naves iban de través, cabeceando, y el impetuoso viento rasgó las velas en tres o cuatro pedazos.
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habría llegado incólume a la tierra patria, si la corriente de las olas y el Bóreas, que me desviaron al doblar el cabo de Malea, no me hubieran obligado a vagar lejos de Citera
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En el décimo día, se nos mostró la tierra patria, donde vimos a los que encendían fuego cerca del mar. ENTONCES, ME SENTÍ FATIGADO Y ME RINDIO EL DULCE SUEÑO,
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pues había gobernado continuamente el timón de la nave... (ver Nota)
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Y, desatando mis amigos el odre, escapáronse con ímpetu todos los vientos. En seguida, arrebató las naves una tempestad y llevólas al ponto.
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Las naves tornaron a ser llevadas a la isla Eolia, por la funesta tempestad que promovió el viento.
Nota: Según su propio testimonio, Ulises llevaba nueve días con sus noches al timón.
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