XI. Femio Terpíada
Yo soy Femio Terpíada, el aedo
de Ulises. He temblado como un perro
temeroso del látigo del amo.
No hay amor ni lealtad en este perro,
sólo ansia contenida de morderle.
Hoy, siento que mi vida se consume
de enfermedad, de rabia y de vergüenza.
Veo cómo se pierden en un fárrago
contrario, aquellas pistas que yo mismo
fuí dejando para acusar a Ulises.
(Pues no faltan aedos que discurren
nuevas intervenciones de los dioses,
para agradar a Ulises; y Demódoco
repite, en sus poemas, las mentiras
que, al mentiroso, le escuchó en Esqueria.)
Por eso, dicto yo, Femio Terpíada,
este poema. Quiero que, algún día,
se conozcan los hechos, hoy, ocultos
entre espesa hojarasca de palabras,
y, con noticia cierta de esos hechos,
un juicio exacto, se haga, en esta historia:
¡Que fué un canalla, el vencedor, Ulises!